07 diciembre 2009

Te busco



... para Piedad







Sola yo, amor,
y vos quién sabe dónde;
tu recuerdo me mece como al maíz el viento
y te traigo en el tiempo,
recorro los caminos,
me río a carcajadas
y somos los dos juntos
otra vez,
junto al agua.
Y somos los dos juntos
otra vez,
bajo el cielo estrellado
en el monte,
de noche.
Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre,
voy juntando mis días, mis minutos, mis horas
con tu hilo de letras.
Me he vuelto alfarera
y he creado vasijas para guardar momentos.
Me he soltado en tormenta
y trueno y lloro de rabia por no tenerte cerca,
en viento me he cambiado,
en brisa, en agua fresca
y azoto, mojo, salto
buscándote en el tiempo
de un futuro que tiene
la fuerza de tu fuerza.

Gioconda Belli



10 octubre 2009

TIEMPO


La suya es una historia corriente;

no lee novelas románticas,

ni recibe flores con tarjeta.


La suya es una historia vulgar

enterrada en horas muertas

de diaria rutina.


La suya es una historia repetida,

agotó el tiempo de perseguir sueños

escondidos en botellas.


La suya es, como muchas historias,

un principio sin final feliz,

un final que busca un principio.


Ocultos tras lunas nuevas

se aferra el tiempo a sus párpados

cansados de contar derrotas.


MATE

17 abril 2009

ISTANBUL




Al llegar a Estambul sentí que todo me era familiar y acogedor; al marchar supe que me había quedado prendada de una ciudad diferente.

Cuando una ciudad es durante más de 1.500 años capital de hasta tres imperios, algo debe tener y algo le debe quedar. Estambul, Bizancio, Constantinopla... distintos nombres para distintas ciudades que se superponen en un prodigioso montón de historia y belleza; encrucijada de culturas, gentes y mares.

Istambul es sin duda una de las ciudades más hermosas e interesantes de Europa, ciudad que cautiva, un viaje que nadie debería dejar de hacer al menos una vez en su vida, como los buenos musulmanes han de ir a la Meca; perderse y embriagarse con el penetrante perfume de esta metrópoli.
Ciudad poliédrica, mística, pujante, cosmopolita… Estambul y sus palacios, sus harenes, derviches, minaretes, cementerios…

Su nombre me es familiar desde la infancia, en el colegio me enseñaron un poema “La Canción del pirata”, de José de Espronceda, aquél que dice, en su segunda estrofa: “Asia a un lado, al otro Europa, / y allá a su frente Stambul”.

Orhan Pamuk comienza su libro “ Estambul, ciudad y recuerdos” con una sencilla cita del poeta, también turco, Ahmet Rasim: “La belleza del paisaje está en su amargura”

Me faltan frases para explicarla, quizás por la cantidad de imágenes que me gustaría ver convertidas en palabras, o por la frustración al reconocer mis limitaciones para transmitir con toda fidelidad las sensaciones que produce una ciudad como esta.

Rasim y Pamuk, y tal vez buena parte de los estambulíes, saben de su paisaje que lo que realmente la hace bella e incomparable es su amargura. Pero una amargura que, lejos de entristecer, sobrecoge y nos hace sentir parte de algo increíblemente vivo.

Afirma Madame Stael “viajar es el más triste de los placeres”. Realmente comenzamos el viaje cuando nos creemos ya de regreso.




15 marzo 2009

ME QUEDA LA PALABRA






















Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


Blas de Otero

16 enero 2009



Elegía

Me envuelvo en tu recuerdo
como en nieblas secretas que me apartan del mundo.
En la calle sonrío al amigo que pasa,
y nadie,
nunca nadie
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan
pidiendo de los tuyos más desdén,
más veneno.
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,
y que el libro de versos resbala por mis manos,
ahora que la lluvia llora por los cristales
de mi ventana,
y llanto va a caer de mis ojos,
antes de que una mano encienda la dorada
llama de mi quinqué,
dime si tú no sueñas en tu balcón, ahora
que la lluvia nos une a los dos con sus lágrimas,
o si sobre el teclado de tu piano oscuro
agoniza Chopin
bajo tus manos trémulas.
Nunca sabrás el loco deseo que me tortura
de cautivar tus labios bajo mi boca ávida,
y sentir el latido de tu sien en mi mano
aprisionada como un pájaro aterido.
Pero no sabrás nunca nada de mi deseo.
Nada de cuando pienso desgarrar con mis dientes
los azules canales de tus venas
y juntos
morirnos desangrados, confundidas las sangres.
Pero estamos ajenos.
Yo sigo en mi ventana,
y tú soñando en otro mientras Chopin suspira,
ahora que aún no arde en mi quinqué la luz
y que a los dos nos une la lluvia con sus lágrimas.

Pablo García Baena