15 octubre 2006












En un mundo sin melancolía,
los ruiseñores se pondrían a eruptar.

E. M. Cioran



La horma


Sucede en esos días,
cuando la piel del alma se te gira
como se le da vuelta a un calcetín,
que desnudo se queda el ser, expuesto
a un cielo gris que retiene la luz
y oscurece el verdor de la esperanza,
al aguijón ruidoso de las voces
inflamando el silencio de veneno,
a esa espesura de engrudo que toma
la memoria asfixiando los recuerdos,
al prurito de los remordimientos
—aunque la única culpa sea seguir viviendo.

Sucede en esos días,
que huelen mal las alcantarillas del olvido,
como el desagradable olor a pies
—los doloridos y cansados pies
que atrás dejaron los pasos perdidos—;
y todo esfuerzo es vano
porque sabes que ya lo hiciste todo
pero sientes que aún todo está por hacer.

Sucede en esos días,
que los árboles no proyectan sombras
pero uno ve las sombras sin los cuerpos
y todas son como la del ciprés.

Sucede en esos días,
que a los ojos no acude ni una lágrima,
porque de nada sirve
y hay que guardar, pues uno nunca sabe
cuanto le queda aún por llorar.

Sucede en estos días,
que uno mataría por caridad —o amistad—,
y se dejaría morir con la condición
de que alguien le pudiera asegurar
que lo de Buda fue sólo una historia
y si no, que él estaba equivocado.

Sucede en esos días,
que es la vida un calzado
del que te rozan todas las costuras.

Y, sin embargo, aún da de sí...
—otra vuelta de tuerca
sintiendo como la horma intenta reventarla.


© Joan Kunz, 2004




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13 octubre 2006

Miedo


MIEDO

Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.


RAYMOND CARVER
Estados Unidos, Oregon (1939-1988)



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